25 ago. 2009

EL CRÓTALON

Este libro se ofrece al lector como obra de "Christóforo Gnophoso, natural de Eutrapelia, una de las ínsulas Fortunadas" y en la obra hay una relación de los funerales del Marqués del Vasto, es decir, de un bisnieto del Condestable Ruy López Dávalos, concuñado de Pero Niño, casado con Victoria Colonna Ursino, de estos linajes que Don Quijote nombra en primer lugar al Cachopín de Laredo. Así que "el tejedor de hierros de lanzas" podría apellidarse Herrera como los Bustamante Herrera y los Señores de las islas Canarias, que era el linaje del sevillano Diego de Herrera, Señor de las Canarias, y de Doña Blanca Herrera Niño, nieta del Almirante Don Alonso Enríquez y del Conde de Buelna.
El condestable Ruy López Dávalos vivió los últimos años de su vida desterrado en Valencia, donde murió, y sus restos se enterraron en Toledo, donde debió nacer. Su abuelo, López Dávalos, el viejo, era de Úbeda. Dada la historia del vasco Avendaño y su vinculación con la isla de Lanzarote, no sabría decir si Colón nació en Lanzarote, isla a la que dio nombre el descubridor genovés Lancelotto Malocello, o en la "Montaña blanca", o sea, en la de Tenerife, donde está el Valle de Guerra, Señorío de Bartolomé Juan Guerra, cuyas nietas se casaron con el capitán Juan Colombo el Viejo y el genovés Bernardino Justiniani. Lo que sé es que no se apellidaba Colón y que su verdadero linaje era tan montañés como el del alférez Campuzano, amigo del capitán Pedro Herrera, que narraba en Valladolid el "Coloquio de los perros" al Licenciado Peralta, perros que habían visto en sus vidas jugar muchas veces a los bolos.
"Entretenimiento y diversión de juegos honestos; como chanzas y discursos agudos y graciosos, para recreación y pasatiempo", dice de "Eutrapelia" el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Al autor del Crótalon, que se supone vallisoletano (se le ha atribuido a Cristóbal Villalón), no le faltó ironía para darle nombre a la isla.

Esto es lo que dice Marcel Bataillon de esta obra: "El Crótalon es todo lo contrario de una obra original. No es, desde luego, una de las mejores obras del siglo XVI. Pero sí es una de las que pican nuestra curiosidad. Su atribución a Villalón carece en absoluto de base, o, mejor dicho, descansa por completo sobre la equivalencia entre Christóphoro y Cristóbal, base realmente incapaz de aguantar el andamiaje levantado por Serrano y Sanz para resolver el misterio del Viaje a Turquía al mismo tiempo que el del Crótalon. El Crótalon guarda su misterio. Pero al menos no es imposible circunscribir en el tiempo y en el espacio el medio en que seguramente se escribió. La obra pertenece, no a los comienzos del reinado de Felipe II, sino a los años que preceden a la abdicación de Carlos V. La fecha puede fijarse con bastante precisión gracias al cuadro histórico del Canto VI. El reinado del Emperador se profetiza con toda exactitud hasta el año 1552, en que Mauricio de Sajonia emprende la ofensiva contra Carlos V y lo obliga a huir, mientras el Concilio se aplaza. Aquí la profecía cambia bruscamente de tono; termina con vagas promesas de triunfo; prevé largos años antes de que Carlos, tras de ver realizados sus sueños en la persona de su hijo Felipe, vaya a gozar de Dios en el paraíso. Ahora bien, es claro que, si el autor hubiera escrito entre 1556 y 1558, no habría pasado en silencio la paz de Augsburgo ni las abdicaciones sucesivas con que tan dramáticamente concluye el reinado de Carlos V. Hasta se puede admitir que, si hubiera escrito después de 1553, habría mencionado expresamente la muerte de Mauricio de Sajonia. Así, pues, la redacción del Crótalon puede fecharse con bastante exactitud en 1552-1553.
Por otra parte, la obra se puede localizar en Valladolid con muchísima probabilidad. Merece destacarse la alusión del Canto III:
"Después que mi amo murió viví en Valladolid, una villa tan suntuosa en Castilla, donde siempre reside la corte real. Y también concurren allí de todas diferencias de gentes, tierras y naciones por residir allí la Cancillería". Ciertamente, este pasaje no sería decisivo por sí solo: ¡el gallo ha vivido tantas otras vidas! Pero, en el Canto XX, el gallo ha sido comido. Entonces Micilo coversa con su vecino Demofón, y, hablando de la ciudad en que se encuentran, Demofón menciona a su vez la afluencia de extranjeros debida a la corte y a la Chancillería. Además, el banquete de "misa nueva" narrado en el Canto XVII parece situarse en Valladolid, a juzgar por los nombres de las iglesias cuyos curas están invitados al festín.
Por consiguiente, en esta gran ciudad -la más cosmopolita, a la sazón, de toda España- fue donde el extraño Crótalon debió de componerse hacia 1553. He ahí todo lo que sabemos de su nacimiento"
.

Íñigo Dávalos, el hijo del Condestable Ruy López Dávalos, pasó a Italia y los Dávalos Aquino vincularon con los Colonna y se titularon Marqueses de Pescara y del Vasto. "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero"...
Aquellos italianos de origen castellano también descendían de Don Pedro de Ayala y el almirante Don Diego Gutiérrez de Ceballos, señor de Escalante, linaje fundador de Laredo.
"Mas por uña de caba-llo
No se me escapó ceba-llo"
.

"Entre los libros arávigos que aquí tengo, hallé ese libro que es de los que en España llamavan de Gestas y pareçe que le compuso un secretario del Rey don Alonso el onzeno", etc, le escribía Don Diego Hurtado de Mendoza desde Granada el 1 de diciembre de 1573 al aragonés Don Jerónimo de Zurita, extrañado de que no coincidía con lo que decía la Crónica de ese rey, como bien sabe nuestra Academia de Historia. ¿Le compondría Juan Niño de la Foxada, ya que su hijo Pero Fernández Niño, abuelo del Conde de Buelna, "fizo escrevir algunas cosas que pasaron en su tienpo" y entre cuyos papeles halló Gutierre Díaz de Games la historia de Bruto y Dorotea?

Ya el rey Juan II de Castilla mandó a D. Fr. Lope de Barrientos, natural de Medina del Campo y obispo de Cuenca, que quemase la biblioteca de don Enrique de Villena y es fama que la expurgó contra su voluntad, pues no era Inquisidor, y que condenó a las llamas a parte de los libros y a otros los salvó.

Yo no sé si Pero Niño, el hijo legitimado del Conde de Buelna, se fue a África o a las Canarias, pero sé que la Condesa Lobuna se transmutaba en Dorotea y en la princesa Micomicona y que el Cura le dice a Sancho: "A la fama de que buen caballero tiene vuestro amo por todo lo descubierto, de Guinea ha venido a buscarle esta princesa" (cap. XXIX) y que Don Quijote no pasó a la historia por descubridor de nada. Parece que Colón fuese hijo de un Niño (falso Girón Guzmán) y de una Guerra Bustamante. ¿Fue una Guerra la abuela paterna de Mateo Alemán? La mujer de Mateo Alemán se llamaba Catalina de Espinosa, su amante Francisca Calderón, y un Gabriel de Espinosa se casó con María de Bustamante y una hermanastra de ésta con un Jerónimo Alemán, y Mateo Alemán se fue a Méjico con Fray García Guerra que le protegió allí hasta que murió.
Las tierras descubiertas por "Cristóbal Colón y por Cristóbal Guerra", decía el Canciller López de Ayala. Colón debió comenzar llevando y trayendo por mar mercancias de África, Canarias y las Azores antes de sus afanes descubridores. O quizás en las galeras que llevaban el dinero a Génova que dice el personaje de La Gitanilla que iba a Sevilla a embarcarse con un ginovés amigo de su primo el conde. Amén de que el Guzmán se cita junto a Lazarillo, Don Quijote y Celestina en La Pícara Justina que López de Úbeda le dedicó a Don Rodrigo Calderón, casado con la extremeña Vargas, linaje del famoso conquistador de Sevilla que Don Quijote cita bien pronto (cap. VIII), como Guzmán fue el linaje de la Señora de Medina Sidonia y madre del rey Don Enrique de Trastamara, que mató a su hermanastro Don Pedro en Montiel, lugar al que derrotó Rocinante cuando Don Quijote salió en busca de aventuras. Y en Portugal editó Alemán la segunda parte de su Guzmán.
López de Úbeda le dedicó La Pícara Justina a Don Rodrigo Calderón, casado con la extremeña doña Inés de Vargas, y su linaje es aludido en casa de Don Diego de Miranda junto con el tahalí de lobos marinos y Sancho quiso arrodillarse ante él después que contase su vida y costumbres y Don Diego de Miranda, como es obvio, compartía su apellido con el Arzobispo Carranza de Miranda, y por otra parte el extremeño Alonso de Vargas, tío del Inca Garcilaso, se casó con una Ponce de León, pariente del Marqués de Priego (Córdoba) con el que a su vez estaba emparentado el cordobés Luis de Góngora, de quien fue benefactor don Rodrigo Calderón, y una hija de Feliciano de Silva se casó con otro Vargas, tío también del Inca Garcilaso, y Don Feliciano de Silva, de quien Don Diego Hurtado de Mendoza decía que no había viajado en su vida más que de Ciudad Rodrigo y Salamanca hasta Valladolid, dijo que había cosas que parecían imposibles que sucedieron realmente y que otras no sucedieron tan realmente como nos cuentan la historia o los historiadores, quizás porque creyó en la historia del fortuito descubridor Alonso Sánchez como el Inca. Don Juan Pacheco vivió en Ciudad Rodrigo porque se casó con una Silva que era de aquella ciudad y Feliciano de Silva se casó con una hija bastarda de Don Diego Hurtado de Mendoza, que se crió en casa de los Marqueses de Cerralbo, que a su vez eran del linaje de Pacheco. Otra hija de Feliciano de Silva se casó con un Toledo de la casa de Alba, así que los Vargas Silva, nietos de Don Feliciano, eran primos de los Toledo Silva y éstos primos de Doña María de Toledo Rojas, la mujer de Diego Colón, primer duque de Veragua. Una hija de éstos se casó con un hijo de los duques de Alburquerque, linaje de la Cueva, aludido también en casa de Don Diego de Miranda junto con el de Niño. Y creo recordar que Don Feliciano de Silva fue paje de la Duquesa de Medina Sidonia y que él se apellidaba también Guzmán.
Por otra parte, Martín de Quijano era sobrino de Juan de Alarcón y éste encomendaba al Duque de Arcos, que era un Ponce de León, que amparase a la familia que dejaba al morir. Y curiosamente el linaje Mercado del hidalgo de Medina del Campo que colaboró en La Celestina de Don Feliciano de Silva, continuador de la del toledano Fernando de Rojas, era el del juez Quijano Mercado que veía la causa de Fray Luis de León cuando éste estaba preso en la cárcel de la inquisición de Valladolid, desde donde le escribía un día una carta pidiéndole que le proporcionase un cuchillo porque tenía que partir la comida con las manos, y hermanos de Fray Luis Ponce de León se apellidaban Alarcón.
Sin duda, el libro que vincula más directamente a Colón con el valle de Buelna es el Felixmarte de Hircania que el autor encontró entre los papeles y libros que dejó al morir en Sevilla en 1539 el clérigo Diego Colón por venir de Félix o feliz los nombres de San Felices de Buelna y San Felicesa de ibio, solares en los que se levantan, respectivamente, la torre del Almirante Pero Niño y la iglesia de San Félix y San Pedro que da nombre a San Felices de Ibio, solar de los Guerra. Un libro que el Cura destina al corral recordando precisamente del mismo "el extraño nacimiento y soñadas aventuras del personaje", libro que el ubetense Melchor de Ortega le dedica a Juan Vázquez Molina, casado con una Mendoza y familia del también ubetense Don Francisco de los Cobos, ambos amigos de Gonzalo Pérez, y éste quien en su día en nombre de Felipe II autorizaba la edición del libro que Don Francisco Fernández de Córdoba editó en Valladolid en 1556 y por tanto 50 años después de morir allí Cristóbal Colón. En el siglo XVI Juan Guerra de la Vega era mercader de libros en Valladolid y Espinosa un linaje de importantes libreros de Valladolid. Y un Francisco de Bracamonte Dávila, Señor de Fuente del Sol (Medina del Campo/Valladolid), se casó con una nieta de Gonzalo Pérez que se apellidaba Pérez de Córdoba y no Pérez del Tovar. Y la descendencia de Robín de Bracamonte e Inés de Mendoza Ayala vinculó con la de Ruy López Dávalos como Doña Vittoria Colonna. Mateo Alemán en 1566-1567 estudiaba Medicina en Alcalá y por entonces murió su padre y volvió a Sevilla, casándose después con Catalina de Espinosa.
Marte es el nombre de un dios de la guerra y la mitad del nombre de Felixmarte, porque el nombre de este personaje se había hecho con la mitad del nombre de la madre (Martedina) y la mitad del nombre del padre (Flosarán), por eso se le iba a bautizar como Florismarte de Hircania y se le llama también así, prefiriéndose el nombre de Félix porque pronosticaba el destino feliz, triunfante o victorioso del niño concebido junto a una fuente, símbolo de fertilidad, que criaba Besalgina. Así que Felixmarte tiene algo de Niño y algo de Guerra, apellidos suficientes para haber podido nacer en el Valle de Buelna. No sé si el autor del Crótalon quiso darse el nombre Cristóforo de Colón para aludir a éste y a su modo de entender el cristianismo por aquello de que el gallo de Micilo se había encarnado muchas veces y vivido muchas vidas y el autor conocía Valladolid, donde murió Colón y se publicó el Felixmarte de Hircania.
Por lo demás, la providencia es la ignorancia y el hombre la ciencia. La providencia ensaya poco, dice me llamo Perceval y soy galés, y ya está. A lo mejor es cierto que, habiendo indicios de la existencia de tierras al Poniente desde tiempos muy antiguos, un día del siglo XV se llegó a ellas por azar.

1 comentario:

St. Boss dijo...

Hola.

Si uno lee las páginas 13-20 de la edición de Asunción Rallo para Cátedra, la autoría de Villalón parece (como mínimo) posible.

Sólo quería decir eso.

Bonito blog.